APRENDER A VIVIR...AN

>> domingo, 8 de noviembre de 2009


CAPITULO 1.


Después de dos días había limpiado toda la casa y pintado todo. Ahora la casa tenía un mejor aspecto. Como había terminado por la mañana mi padre prometió ir a buscar un coche para mi esa misma tarde. Comimos la comida que yo preparé y luego fuimos en autobús a ver coches, el coche claramente no iba a ser nuevo de manera que no esperaba encontrar ninguno que me gustara, miramos mucho para mi, mi padre había decidido quedarse para él un Mercedes, era un modelo antiguo pero se veía en buen estado. Yo no conseguía encontrar un coche decente para mi hasta que vi un Ford Mustang, negro, descapotable y de... 1980, oh mierda, por un momento me había creído que podía ser el modelo de 1965. pero no, es igual de todas formas era el que mas me gustaba y el precio era adecuado de manera que me lo quedé.

Volvimos a casa en nuestros coches, Chloe por supuesto conmigo. Llegamos y yo limpie mi nuevo coche, me costó media hora, después me puse a hacer la cena. Cenamos y después empezó otra maldita noche...



Era lunes y era el día en que empezaba las clases, me levanté temprano ya que no había podido dormir mucho, como siempre había tenido pesadillas. Fui al baño para darme una ducha, cuando salí me envolví en una toalla y me miré al espejo. No me gustaba nada mi aspecto, era morena tanto de tez como de cabello, el cabello lo llevaba corto hasta el cuello y con un flequillo corto, mis ojos eran marrones, casi negros. Era bajita y delgada pero en plan flaca y lo único que me gustaba de mi era el lunar que tenia debajo de mi ojo izquierdo. Me gustaba porque mi madre había tenido uno igual. En general me parecía bastante a ella, los mismos rasgos medio-hawaianos, pero ella había sido mucho mas guapa, recuerdo que su cabello era largo y que sus rasgos eran atractivamente exóticos. Yo era una mezcla mala entre mi madre y mi padre.

Recordé que era el primer día de escuela y después de pasar el peine por mis cabellos fui a mi habitación a vestirme. Me puse unos vaqueros simples y una camiseta de manga corta, blanca de mi grupo favorito Coldplay, en la camiseta solo ponía “Viva la vida” en letras negras. Era irónico que yo precisamente llevara esa camiseta, pero no podía hacer mas, adoraba esa canción. Desperté a Chloe y mientras ella se vestía yo prepare el desayuno, cereales, no había tiempo para complicarse la vida. Fui a ayudar a mi hermanita a terminar de vestirse y desayunamos rápidamente, después de eso cogimos nuestras bolsas y la lleve a la escuela. Hable con su profesora y le dije que yo era quien la traería y recogería, por suerte entraba y salía media hora después de mi por lo que no habría de haber ninguna complicación, pero quería hablar con ella para asegurarme de que no la dejarían sola si algún día yo tenia problemas a la hora de recogerla. Después de eso me fui pitando a mi instituto, gracias a Dios había tenido la precaución de buscar las escuelas el día antes por lo que llegué sin complicaciones.

En el momento en que bajé del coche supe que ese instituto iba a ser otra de mis pesadillas. Mi instituto en NY era bastante normal, es decir un edificio con cancha de baloncesto y poca cosa mas. Ese era inmenso, solo el aparcamiento era como todo mi otro instituto y en el aparcamiento había tantos coches “pijos” que me dieron ganas de coger mi vieja chatarra y huir de allí. Si mi nuevo instituto que era público y en una zona de clase social media tirando a baja tenía esos coches y esa pinta ¿cómo serían los otros? Le eché valor y empecé a caminar hacía la entrada, de camino me crucé con un par de animadoras, fantástico animadoras...lo que me faltaba ¡ahora si que tenía ganas de huir! Entré y busqué la consergeria, no me costó demasiado encontrarla y una vez allí di mi nombre y me dieron mi horario. Subí al tercer piso para ir a mi primera clase, Literatura, cuando yo llegué la clase ya había empezado por la que desgraciadamente todo el mundo se fijó en mi, le expliqué quien era al profesor y él me mandó a sentarme al único pupitre libre de la clase. Algunos de mis compañeros me miraron durante un rato, pues seguro que les fascinaba mas que lo que decía nuestro profesor pero enseguida dejaron de hacerlo, había cosas mas interesantes que mirar, por ejemplo el suave movimiento de la roña que había en la ventana.

La clase terminó y me levanté junto a todo el meollo de gente y me fui a mi próxima clase, arte, en el horario ponía aula de arte, pero no tenía ni idea de dónde estaba, me acerqué al profesor que estaba ordenando sus cosas y se lo pregunté, el me dijo que estaba en el ultimo piso ¡Genial a subir mas escaleras! Las subí y cuando llegué arriba del todo por poco necesito que me pongan una mascarilla de oxigeno. Por suerte la clase aún no había empezado por lo que no fue tan embarazoso. En esa clase eramos casi todas chicas y pasó bastante rápido, cuando sonó la campana recogí mis cosas y una de mis compañeras se acercó a hablar conmigo:

  • Hola.- me dijo.- soy Haley.

  • Yo soy Alex.- le contesté. La chica parecía maja, era rubia con ojos azules pero no parecía una “animadora” vestía unos shorts vaqueros y una camisa de cuadros, el pelo rubio lo llevaba un poco mas largo que yo cortado de forma desaliñada. Si, definitivamente parecía bastante normal.

  • ¿Eres nueva, no?

  • Eh...sí.- puede que la chica no tuviera muchas luces.

  • Cierto ¡Que preguntas mas idiotas hago!- dijo llevándose una mano a la cabeza. Yo sonreí.- bueno ¿Qué clase tienes ahora?

  • Historia, creo.

  • También es la mía, vamos te acompaño.- fuimos a la siguiente clase.- ¿Así cómo es que has aterrizado aquí?

  • Me he mudado des de Nueva York.

  • ¡Vaya! Siempre he querido ir a Nueva York. Tiene que ser genial.

  • Bueno, no está mal.

  • No pareces muy entusiasmada.

  • Es que vivía en Queens.- ella se rió.


Nos sentamos juntas en clase de historia y luego fuimos a comer. Durante la comida Haley no dejó de hablar, me hizo un resumen de la gente, señaló el centro del comedor donde había un montón de chicas rubias con manicuras perfectas, minifaldas de marca y tacones. Con ellas había chicos con cortes de pelo perfectos y cuerpos bien tonificados:

  • Esos son los megapopulares.

  • Se les ve.

  • Cierto. Los de la izquierda están muy colgados.

  • ¿Drogas?

  • Sí. a su lado están los empollones...- continuó etiquetando a la gente durante todo el almuerzo.

  • ¿Y esa mesa?- le pregunté yo. En el otro extremo había una mesa toda de chicos y estaban armando un jaleo impresionante.

  • Oh, esos son mi hermano y sus amigos. Se puede decir que son neutros, se llevan bien con todos.


Se terminó la hora de comer y Haley se fue a su clase de astronomía ¿Qué persona es su sano juicio escogía astronomía? Y yo me fui a clase de gimnasia. Fui por primera vez a mi taquilla y intenté abrirla, y digo intenté porqué primera que estaba demasiado alta para mi y segunda que ese cacharro no se abría:

  • ¿Necesitas ayuda pequeñina?- dijo una voz masculina a mis espaldas. El chico no esperó mi respuesta y abrió con facilidad mi taquilla. Eso me molestó al igual que me llamara pequeñina.

  • No hacía falta, yo podía.- le respondí secamente sin mirarlo.

  • Si claro.- dijo mofándose. Me giré y me encontré con un pecho a la altura de mis ojos. Miré hacía arriba y el tipo era jodidamente alto.- soy Tyson.- dijo con una sonrisa.

  • Vale.- le dije.


Tiré mis libros de historia y literatura dentro de la taquilla, la cerré y me fui al gimnasio. El profesor de gimnasia me dio mi equipo y fui a cambiarme. En el vestidor me encontré con todas las rubias oxigenadas, me miraron y su cara de asco era tan grande como la mía. Me cambie la ropa rápidamente y salí al gimnasio. Por lo que pude ver esa era la clase mas variada en cuanto a gente. Estaban por supuesto las animadoras que había visto en los vestuarios, algunos de sus amigos “atletas” que estaban hablando con ellas, también había algunos empollones, rastafaris, colgados y ¡Oh mierda! Estaba el chico torre que había abierto mi taquilla. A su lado había un chico obviamente mas bajo de pelo rubio y ojos azules que me recordó inmediatamente a Haley, puede que fuera su hermano. Los dos me miraban con abierta curiosidad y sonreían. Yo miré para otro lado.

La clase empezó y el entrenador nos hizo correr, yo odiaba correr, no estaba para nada en forma y a la segunda vuelta ya estaba medio asfixiada. Nos hizo dar diez vueltas al gimnasio y cuando terminamos temí seriamente por mi vida, mire al chico torre y le vi fresco como una rosa, empezaba a odiarlo seriamente. Luego el profesor Jackson nos dividió en dos grupos y sacó un balón de baloncesto. ¡Genial, otro deporte para gente alta! En mi grupo estaba el chico torre, su amigo/ hermano de Haley, algunas de las rubias oxigenadas y dos rastafaris. El juego empezó y misteriosamente todas los balones eran pasados al chico torre que los lanzaba a la canasta con gran maestría.

Al fin el entrenador paró el juego y nos envió a las duchas, me duché rápido, me vestí y me fui a mi siguiente clase, cálculo, en esa clase por suerte o por desgracia pude ver que el chico torre también estaba. Le dije quien era al profesor y ese maldito bastardo hizo que me presentara a la clase:

  • Eh, bueno hola.- dije incómodamente.- mi nombre es Alexandra Owen y si, como supongo que ya sabréis si tenéis el mínimo de coeficiente intelectual requerido para hacer la secundaria en un instituto normal soy nueva. Me he mudado de Nueva York y no tengo mayor ilusión en la vida que hacerme super amiga de todos vosotros.- dije irónicamente. La mayoría me miraron como si estuviera loca pero el chico torre se rió.

  • Dudo que tu y yo podamos ser amigas.- dijo una de las rubias animadoras que no había entendido la irionia.- dudo que seamos del mismo planeta.

  • Vaya que lastima.- dije con sarcasmo.- ¿Si me tiño el pelo y me opero la nariz entonces podremos ser amigas?- le contesté.

  • ¿Estás insinuando algo?- dijo con rabia.

  • ¿Yo? No que va. ¿Puedo sentarme?- le dije al profesor.

  • Eh...claro.- dijo un poco confundido por todo lo que había pasado.


Fui a sentarme a una de los pupitres vacíos y me golpeé mentalmente por no haberme mordido la lengua. Tenía que aprender a contener mi cinismo si no un día la cosa iba a terminar muy mal.

La clase pasó lenta y me vi atascada en un horrible problema matemático, suspiré frustrada cuando se terminó la clase porqué no había conseguido resolverlo, recogí mis cosas y salí del aula:

  • Creo que no te sentaría bien el pelo rubio, ah y me gusta tu nariz tal y como está.- dijo el chico torre que se había puesto a caminar a mi lado.

  • ¿De verdad?- le dije fingiendo emoción.- menos mal que me lo has dicho, no se si mi vida hubiera podido continuar si tu no me hubieras dicho que te gustaba mi nariz.

  • ¿Te he hecho algo malo? ¿He aparcado al lado de tu coche y lo he rallado sin darme cuenta?

  • ¡Ty!- gritó de repente una chica morena, de ojos verdes, pelo largo y cuerpo escultural.- te he estado buscando todo el día.- y se lanzó a su cuello.


Seguí andando a mi siguiente y ultima clase en donde me reencontré con Haley. Me senté a su lado y esa clase fue un poco mas llevadera que las otras. Le conté lo sucedido en mi clase de cálculo y ella se río durante un buen rato. Cuando sonó la campana salimos las dos juntas, ella tuvo que ayudarme con mi taquilla ya que yo seguía sin poderla abrir y ella era mas alta que yo, tampoco es que hiciera falta mucho ya que yo medía 1,50 metros. Una vez en el aparcamiento nos despedimos y yo me subí al coche para ir a buscar a Chloe a la escuela.


Llegué unos minutos antes de que mi hermana saliera, de manera que la esperé. Cuando empezaron a salir el resto de niños la busqué con la mirada y la vi salir contenta cogida de la mano de otra niña, cuando ella me vio de despidió de la otra niña y vino a mi encuentro dando saltitos:

  • Veo que has hecho una amiga.- le dije agachándome para quedar a su altura y darle un beso.

  • Sí, se llama Emma y va a mi clase. También es nueva en el colegio.

  • Vaya, que casualidad. De seguro que seréis muy buenas amigas.

  • ¿Tu has hecho alguna amiga?- me dijo mientras subíamos al coche.

  • Sí, creo que si.

  • ¿Y cómo de llama?

  • Se llama Haley.

  • Me gusta su nombre, seguro que es simpática.

  • Si que lo es. ¿Y dime, qué tal tus otros compañeros?

  • Son simpáticos.

  • ¿Y tu maestra?

  • También es muy simpática. Se llama Elle, es muy guapa.

  • ¿Y te ha puesto deberes?

  • Algunos.

  • Pues ahora en cuanto lleguemos a casa los hacemos ¿vale?

  • Vale ¿Después podre ver la tele?

  • Si los haces bien sí.

  • ¡Genial!


Llegamos a casa y tanto Chloe como yo nos pusimos a hacer en la mesa del comedor las tareas que nos habían mandado. Yo me estrujé el cerebro para resolver ese maldito problema que no había resuelto en clase pero finalmente me salió. Chloe de vez en cuando me preguntaba algo y yo la ayudaba. Terminamos bastante pronto de manera que permití a Chloe ver la tele mientras yo salía al jardín para arreglarlo un poco, había muchas malas hierbas que arrancar. Después de un par de horas lo dejé y fui a ducharme y a preparar la cena. Se hacía tarde y mi padre no llegaba de manera que Chloe y yo cenamos y luego la mandé a dormir.

Sabía lo que me esperaba esa noche y estaba aterrorizada, me metí en la cama y empecé a temblar. Quería relajarme e intentar dormir pero era algo imposible. Finalmente oí la puerta de casa cerrarse de un portazo. Mi miedo se incrementó.


Por la mañana mi cuerpo estaba dolorido y yo ni tan solo había dormido, pensando en Chloe me levanté de la cama como pude y me arrastré hasta la ducha. Dejé que el agua caliente me calmara un poco y cuando salí de la ducha me miré al espejo. Mi cara estaba bien pero el resto de mi cuerpo estaba recubierto de moretones. Me peiné y fui a vestirme a mi habitación, vaqueros y camiseta de manga larga. Fui a despertar a Chloe y a preparar el desayuno, como era bastante pronto preparé tortitas, desayunamos y luego nos fuimos.


Llegué al instituto aun con mi cuerpo dolorido y me encaminé a mi primera clase. Para que mi mala suerte siguiera allí me encontré con el chico torre, busqué un sitio para sentarme y el único que por desgracia había libre era el de su lado, suspiré y fui a sentarme a su lado. Saqué mis cosas y me dediqué a hacer círculos en mi cuaderno. El chico arrastró su mesa hasta unirla con la mía, yo le fulminé con la mirada y el me dijo con una sonrisa:

  • Me he dejado el libro.¿puedo sentarme contigo verdad, pequeñaja?

  • ¿Tengo otra opción?

  • No. Ahora dime ¿te he hecho algo malo?

  • La clase va a empezar.


Y la clase empezó. Definitivamente odiaba la física, no conseguía que me saliera ninguno de los malditos ejercicios. Tyson miraba mi hoja de ejercicios y se reía, luego volvía poner su vista en la suya y después de unos minutos miraba otra vez la mía y se volvía a reír. Al final no pude aguantar mas:

  • ¿De qué te estás riendo?

  • De ti.- dijo mirándome a los ojos.

  • ¿Te parecen graciosos mis ejercicios?

  • No, lo que me parece gracioso es que te irrites tanto porque no te salgan.

  • ¡Eres tu el que me irrita!

  • Sí, y ahora ya se porqué.

  • ¿Ah si? Pues venga listo.

  • Te molesta que yo sea alto y que ayer tuviera facilidad para hacer algo que tu no podías hacer. Te irrita que alguien te ofrezca ayuda porque te da rabia no poder hacer las cosas solas.- mierda, el tio me había calado. Abrí la boca pero no se me ocurrió nada que decir.- Oh ¿ves como tenía razón?

  • No la tienes.

  • Por supuesto que la tengo, pequeñaja.- y recalcó esa ultima palabra.

  • ¡Deja de llamarme así!

  • ¡Te molesta, te molesta! Tengo razón.- mofándose.

  • Sí, me molesta.

  • Bien, el primer paso en cualquier terapia es reconocerlo.

  • Y eso lo sabes porqué tu irás a muchas terapias.- le dije desafiándolo.

  • La verdad es que solo he ido a dos. A una para dejar de fumar y la otra para superar mi adicción al sexo.- mi boca se abrió automáticamente. Él se rió.- Era broma, jamás he ido a terapia, lo he visto por la tele. Todo eso de hola me llamo Mike y soy alcohólico. En tu caso habrías de decir”hola me llamo Alexandra y soy bajita”.

  • Yo no soy bajita, soy normal. Eres tu el que tiene un problema, chaval.

  • Bueno...puede que yo sea mas alto de lo normal, pero tu sin duda eres mas bajita de lo normal.

  • Claro, claro...

  • Vamos Alexandra, no te enfades conmigo. Ayer no lo hice con mala intención. Solamente pretendía ayudar. ¿Aceptas mis disculpas?- dijo poniendo una sonrisa angelical.

  • Las acepto. Pero eso no significa que seamos amigos.

  • ¿Y si me tiño el pelo y me opero la nariz?- me reí ante eso.

  • Puede...- sonó la campana y Tyson y yo salimos hablando de la clase. Caminamos juntos por el pasillo hasta nuestra siguiente clase, en la puerta nos encontramos con Haley.

  • Hola rubia.- le saludo él.

  • ¡Hola!- le dijo Haley mientras se le iluminaba la cara. Luego me vio a mi.- Alex, hola.

  • ¿Qué tal?- le dije a modo de saludo.

  • Bien ¿conoces a Ty y no me lo habías dicho?

  • Bueno, yo no diría que nos conozcamos. Mas bien hemos coincidido en el instituto.- dijo él.

  • Ah, bueno. Supongo que es normal.

  • Oye- dijo Tyson cambiando de tema- ¿Dónde está tu hermano? Me dijo que teníamos esta clase juntos.

  • Oh bueno, ya le conoces...debe de estar con alguna de sus “amiguitas”.

  • Este chico no aprende.- en ese momento apareció por el extremo del pasillo el “hermano” de Haley, su cabello rubio estaba despeinado y su camiseta estaba del revés.- ¡Dylan!- exclamó Haley.-¿Se puede saber de dónde vienes?

  • Del baño.- contestó el con total normalidad.

  • ¿Y se puede saber que hacías en el baño?

  • ¿Tu que haces normalmente en el baño?- contestó él como si estuviera ofendido.

  • Dylan.- le dijo Tyson- no intentes disimular, llevas la camiseta al revés.

  • ¡Vaya!- dejó su mochila en el suelo y se quitó la camiseta dejando atónitas a la mitad de chicas que había cerca de él, a todas menos a Haley y a mi. Aunque no me causara ninguna sensación tenía que reconocer que el chico estaba muy bien. Su piel era bronceada y tenía una muy definida tableta de chocolate.

  • ¿Intentas que la mitad de las chicas del instituto te violen a la salida?- le preguntó Tyson.

  • No necesito mostrar mis atributos para que las chicas de este instituto me deseen.- Haley bufó.

  • De verdad que no se a quién te pareces.- le dijo.

  • Al tio Joe, soy igualito a él.- entonces el tal Dylan puso sus ojos en mi.- ¿Y tu quién eres, ricura?- levanté una ceja y le miré con incredulidad.

  • Ella es Alex y dejala en paz.- dijo Haley.

  • ¿Por qué?- preguntó Dylan haciendo un puchero.

  • ¿Tu estás tonto? ¿No has visto como te acaba de mirar? Si las miradas mataran ya estarías muerto.


En ese momento llegó la profesora, que era una mujer bajita, bueno, de mi estatura, estaría ya a punto de jubilarse. Entramos y yo me senté con Haley. La Sra. Smith empezó la clase y digamos que fue varias veces interrumpida por Tyson y Dylan ya que no paraban de armar jaleo:

  • ¡Dylan, Tyson! ¿No pueden dejar de hacer el imbécil?

  • No pueden ir en contra de su naturaleza.- dije yo para mi misma. Haley me escuchó y empezó a reírse de manera exagerada.

  • ¿Se puede saber de que se ríe, Haley?- le preguntó entonces la Sra. Smith.

  • Oh, lo siento. Es que mi compañera ha dicho una verdad como un templo.- Haley.

  • ¿Y cuál es esa verdad?

  • Que esos dos no pueden ir en contra de su naturaleza.- para mi sorpresa a la profesora se le escapó una carcajada.

  • ¿Cómo te llamas?- me preguntó a mi.

  • Alex.

  • Alex, creo que nos vamos a llevar bien.


Dicho esto, siguió con la clase. Después de esa Haley y yo nos fuimos a nuestra clase de arte y luego fuimos a almorzar. Después de comprar nuestra comida Tyson nos llamó para que nos sentáramos con ellos. Fuimos a sentarnos con ellos y dejé que Haley se sentara al lado de Tyson porque estaba claro que ella estaba interesada en él y mirándolo objetivamente era un chico guapo. Moreno, con los ojos azules y con pómulos y mandíbula marcada. Pero también era extremadamente alto...y delgado:

  • ¿Qué clase tienes después, chiquitina?- me preguntó.

  • Alemán.- dije haciendo una mueca por lo de chiquitina,

  • ¿Has escogido Alemán?- dijo Haley como si yo estuviera loca.

  • Sí, ya hice Español en Nueva York y me gusta aprender idiomas.

  • Estás loca.

  • Eh, no soy yo la que hace astronomía.


Pasamos la hora del almuerzo hablando animadamente y cuando sonó la campana me fui en busca de la clase 48. Cuando llegué mis compañeros ya estaban entrando, entré y el único sitio libre era al lado de un chico que tenía toda la pinta de ser un jugador de rugby, era moreno y su pelo estaba perfectamente peinado, sus ojos eran verdes y llevaba unos pantalones cortos con muchos bolsillos y un polo Ralph Lauren:

  • ¿Está libre este sitio?- le pregunté.

  • Claro, todo tuyo.- me dijo sin mucha emoción. Yo me senté.-¿Cómo te llamas?- me preguntó.

  • Alex, ¿Y tu?- le pregunté mas por educación que por otra cosa.

  • Kevin.¿Se te da bien el alemán?

  • No lo se, es el primer año que hago.


Esa clase y las siguientes pasaron lentas, la ultima era gimnasia de manera que me dirigí a los vestidores a cambiarme, me puse la ropa de deporte encerrada en el baño y cuando salí de los vestidores el entrenador nos dijo que iríamos al campo. En mi otro instituto no había campo de césped y el de este, era enorme, podría decirse que era un mini estadio. El entrenador nos mandó correr y luego nos hizo jugar al béisbol. Mi equipo iba perdiendo cuando me tocó batear. “Intenta darle” gritó Tyson des de la quinta base. Sacudí la cabeza, porqué si había un deporte que se me daba bien era el béisbol. Le di a la primera y la pelota salió disparada hacia el otro lado del campo, tiré el bate y empecé a correr mientras mis compañeros que estaban esparcidos por las bases hicieron lo mismo. Todos pudimos completar la carrera.

  • Wow. Eres una maquina.- dijo Tyson antes de abrazarme. Fue instintivo.

  • No me toques.- le dije empujándolo. Mi corazón latía con fuerza y sentí que mis ojos se llenaban de lagrimas pues su abrazo había apretado mis golpes de la noche anterior.

  • Perdona.- me dijo extrañado.

  • No pasa nada.- le dije recuperando la compostura.- Es solo que tengo daño en la espalda.

  • Ah.- dijo.


En ese momento el entrenador nos mandó a las duchas, me fui del campo velozmente y me cambié de ropa otra vez encerrada en el baño. Salí deprisa para el aparcamiento y me subí al coche, una vez allí deje que mis lagrimas salieran. Eran lagrimas de frustración, frustración por no poder ser normal, frustración por no poder hacer nada por cambiar mi vida. Frustración por qué era mi mismo padre el que había hecho que no tolerara el contacto físico con nadie, era su culpa el hecho de que me estremeciera ante el mínimo roce de alguien y era su culpa el hecho de que yo deseara la muerte cada día de mi vida des de los ocho años. Ocho años, los mismos que ahora tenía mi hermanita, mi hermana, la única razón por la que yo seguía adelante, ella era el motivo por el cual yo no me había escapado de ese infierno, el motivo por el cual no me había quitado la vida. Dos años, dos años me quedaban por soportar todo eso, en cuando cumpliera los 18 la cogería a ella y nos iríamos de casa de nuestro padre. Ella y yo comenzaríamos una vida nueva lejos de abusos y malos tratos.






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