Tierra de Vampiros (Onceavo capitulo)

>> domingo, 7 de marzo de 2010

Andrew volvía a su casa aun más malhumorado de lo que había salido.
¡Joder! Casi lamentaba haber matado a Ron.
Había pasado horas buscando algún vampiro que infringiera la ley, pero nada. Parecía que ya arriba alguien no le tenía mucha estima.

Dejando vagar su mente comenzó a subir las escaleras hacia su departamento, pero apenas había subido un par de escalones cuando un exquisito aroma le inundo los sentidos.
¿Qué diablos hacia su pequeña aquí?

Golpeándose mentalmente por llamarla así, subió a toda velocidad hasta encontrar algo que le paro el corazón. O al menos eso hubiera pasado si su corazón aun viviera.

Tirada sin algún cuidado afuera de su puerta se encontró con la pequeña pelirroja, por el charco de sangre, Andrew supuso que llevaba ahí un rato.
¿Qué mierda había pasado?

Lentamente se acerco a la pelirroja, su semblante estaba tan pálido que cualquiera podría confundirla con un vampiro y lo que era peor su corazón apenas y latía.
Con una palabrota digna de un marinero, Andrew tomo a la mujer en sus brazos y la llevo hasta su habitación.


-Lárgate Sheila – gruño el vampiro cuando la gata se monto en la cama a lado de la sangrante mujer.
El animal obedeció pero se quedo observando de cerca.
Andrew le arranco la ropa a la chica… ¡Maldición! Su cuerpo tenía tantos agujeros como una jodida coladera.
Con un gruñido animal –que asusto a la gata – Andrew juro matar a los cabrones que se atrevieron hacerle esto.
Y lo peor de todo es que sabía muy bien quienes lo habían hecho. ¿Por qué no se le había ocurrido que esto podría pasar?
Lo sabes bien – lo ínsito su mente – Tu pequeña nubla completamente todos tus sentido y tu razonamiento.
¡Joder! Tenía que alejarse de esta mujer pero maldito el si podía.

Con una toalla húmeda limpio el pequeño cuerpo de la mujer, la reviso de pies a cabeza, lo cual solo logro enfurecerlo a un mas.
-Espero que me perdones por esto pequeña – le susurro a la moribunda mujer antes de atravesarse la muñeca con sus colmillos.
Con una delicadeza desconocida para él, tomo en brazos a la inerte mujer y la obligo a beber de su sangre.
Al principio la pelirroja permaneció floja en sus brazos y Andrew logro hacerla tragar un poco pero conforme pasaban los minutos la mujer comenzó a agitarse en sus brazos.
-Joder pequeña, bebe más.
Andrew se alegro de que lo obedeciera, pasados un par de segundos más, retiro su muñeca del cuerpo de ella.

Su pequeña aun estaba inconsciente pero al menos ahora su corazón latía con más fuerza y su calor corporal regresaba.
Andrew observo como los agujeros de su cuerpo comenzaban a cerrarse dejando solo una pequeñísima marca en el exquisito cuerpo de la mujer.
-¿Qué demonios hiciste ahora pequeña? – Le pregunto mientras acariciaba con ternura el cabello de la mujer.



Misha despertó con una horrible resaca… o al menos eso fue lo pensó hasta que recordó la noche pasada.
Asustada paso las manos por su cuerpo pero no logro descubrir nada, al parecer estaba intacta.
-No tan intacta – murmuro al momento de ponerse de pie ya que todo su cuerpo grito de dolor. – ¿Dónde…?
¿Qué hacía en la casa de Andrew? ¿Y desnuda además?
Lentamente –por el dolor de su cuerpo – Misha fue hasta el viejo ropero, lo abrió y cogió una playera negra. Al ponérsela descubrió lo obvio. Le queda demasiado grande, tanto que lograba cubrir la mayor parte de su cuerpo.

¿Por qué me abran atacado? – Se preguntaba mientras iba a la pequeña sala donde encontró a Sheila.
Al parecer el animal la había extrañado pues inmediatamente que la vio se lanzo a sus brazos. – Hola – le dijo mientras le rascaba el lomo – Es bueno volver a verte.
-Creo que si ella pudiera hablar diría lo mismo.
Sobresaltada Misha se giro para encontrarse a Andrew. Por un segundo su mirada se lo comió entero. Misha ansiaba estar en sus brazos mientras que él le daba placer, pero después recordó todo.
-¿Por qué estoy aquí?
-Pensaba que tu podías responder eso – le dijo él mientras se acercaba a ella.
-No, no puedo responderte eso.
-Dime que paso. – Andrew la tomo de la mano y la ínsito a sentarse en el sillón – ¿Y bien?
-Yo… yo regrese al Succubus con mi amiga – Andrew gruño al oírla decir eso.
-¿A pesar de que te pedí que no lo hicieras?
-Bueno… si.– En ese momento Misha recordó lo apático que él se había comportado con ella la última vez que se había visto – Quería aprender algo ¿Recuerdas? – Siguió con tono osco – Y ya que tú te negaste tenía que encontrar a alguien más.
-Y dime pequeña, ¿En tus planes esta una muerte temprana? Porque eso fue lo que te enseñaron tus maestros.
-¡Claro que no!..., ¿Dices que…?
-Estuviste a punto de morir pequeña y quiero saber cómo pasó.
Misha lo contemplo durante unos segundos. Andrew lucia tan fiero que se sentía temerosa pero a la vez el saber que él estaba así por lo que le habían hecho la hacía sentir tan… poderosa.
No era posible que una criatura tan divina como él se preocupara por ella, Misha anhelaba ir a sus brazos para que la protegieran, pero en lugar de eso se conformo con contarle los hechos.


¡Hijos de puta! Andrew estaba furioso… no, ni siquiera había una palabra para describir su humor, una vez que su pequeña termino de contarle lo que paso.
Mataría a Marcus con sus propias manos y lo haría lentamente para provocarle todo el dolor que pudiera. A Pete y Buriel los dejaría saludando al sol y Christie… a esa puta le esperaba algo peor.

Los cabrones había tocado algo que le pertenecía y lo pagarían, ya se encargaría el de eso.
-Los conoces, ¿verdad? – La voz de su pequeña le llego a través de su furia
-Si – su voz sonó tan feroz que la pelirroja se hecho para atrás – Disculpa no quería asustarte.
-¿Quiénes son?
-Desde ahora…, gente muerta.

Misha miro aterrada a Andrew, siempre había sabido que era una persona feroz pero ahora…, ahora era plenamente segura que era un vampiro…, un vampiro furioso y sediento de venganza.
-La mujer me dijo que te dijera esto: Dile a Drew que Christie le manda saludos – Andrew gruño de tal modo que Sheila salió corriendo de la sala y Misha tuvo que obligarse a quedarse ahí y no hacer lo mismo que el animal. – ¿Andrew?
!Joder! ¿Qué haces?, ¿Quieres morir?
A pesar de las advertencias de su mente Misha se acero al vampiro y coló suavemente su mano en su hombro.

Andrew contemplo la pequeña y delicada mano de la pelirroja ¿Cómo era posible que ese simple toque calmara su furia?
-Dime quienes son, por favor.
-Es mejor que no lo sepas – El se giro para encararla – además no tiene caso puesto que pienso acabar con ellos – Con delicadeza acuno el rosto de ella en su enorme mano – Mientras tanto tú te quedaras aquí.
Misha se encogió de hombros y dijo – Supongo que es lo mejor ahora pero cuando amanezca me iré.
-Parece que me entendiste mal pequeña, te quedaras aquí noche y día hasta que capture a esos cabrones.
-¿Qué? ¡No! – ella se alejo de el – No puedo, ¡Tengo una vida!
-Una que acabara si te vas de aquí.
-No…, además tú no me querías aquí.
-Bueno pues no tenemos otra alternativa.
¡Joder no! Misha no podía quedarse aquí con él. Andrew era un peligro para ella, su cuerpo ansiaba el cuerpo de él y estaba segura que si se quedaba iba terminar sediento a su deseo.
¿Era eso tan malo?

-Mira pequeña, es lo mejor para ti.
-No, no lo es…, además ¿Por qué estoy metida en esto? Si ellos quieren hacerte daño a ti ¿Por qué me meten a mí?
Andrew apretó tanto la mandíbula, que Misha se sorprendió que no se despostillara los dientes –Eso es algo que pienso averiguar. Ahora serás obediente y te quedaras aquí.
-No – respondió ella altaneramente.
-Mira mujer, por si no lo has notado no estoy de humor ahora mismo. Así que cierra esa deliciosa boca que tienes si no quieres que algo malo te vuelva a pasar.
-Mira hombre – respondió ella a pesar de que su sexto sentido le exigía que guardara silencio – No puedo quedarme aquí, ¿comprendes?

Andrew la miro perplejo, jamás, ¡jamás! En todos sus años alguien lo había retado como hacia esta pequeña mujer ahora, Miles de hombres – solados, guerreros escoceses, batallones enteros – se habían rendido ante él, pero esta mujer se atrevía a retarlo.
Y lo peor del caso era que eso estaba excitando muchísimo a Andrew. Su pequeña no solo era hermosa si no también valiente.
-Aremos un trato – dijo Andrew con la voz ronca por el deseo que sentía en ese momento – Te quedaras aquí y yo terminare de enseñarte lo que necesitas. – La pelirroja se mordió el labio y lo pensó varios segundos antes de asentir – Bien entonces, tenemos un trato con las mismas condiciones que la vez pasada.
-¿Cuánto tiempo tendré que quedarme?
-El que me lleve cazar a esos cabrones.
Ella sintió – ¿Podría ir a mi casa por ropa?
-¿Para qué? Si no la necesitaras.
-No pienso andar desnuda por toda la casa.
Oh joder, simplemente pensar en eso el pene de Andrew salto a la vida – Pues tendrás que hacerlo – ella abrió la boca para replicar pero el continuo – De todos modos aunque tengas ropa te la quitare en un santiamén.

Olvidándose de la amenaza en la que su pequeña estaba metida, Andrew comenzó a planear sus lecciones y estaba seguro de que iba ser algo que ambos disfrutarían mucho.

2 susurros:

Carolina 8 de marzo de 2010, 13:54  

genial!!
aunque se me hizo algo corta :P
esperando con ansias el siguiente capi ^^
un beso!!!

Iza Parthenopaeus 9 de marzo de 2010, 22:12  

Caro, el otro cap los ubire hasta la proxima semana.
besos

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