MAS VAMPIROS...AN

>> miércoles, 7 de octubre de 2009

18.ENCUENTROS.


Fui a buscar a Gio al aeropuerto, estaba nerviosa, quería volverlo a ver pero no sabía como iría a la cosa. Lo que si que sabía es que no había podido parar de pensar en él durante toda la semana.

Llegué pronto al aeropuerto, demasiado pronto de manera que compré una revista y esperé, cuando anunciaron la llegada de su vuelo me levanté de un salto. Esperé durante un poco mas y finalmente le vi salir, sus ojos se posaron en mi y en su cara se dibujo una sonrisa, me sorprendí a mi misma cuando me di cuenta que yo también estaba sonriendo. Caminamos el uno hacía el otro y cuando estuvimos juntos nos abrazamos:

  • ¡Dios mío Carol! Te he echado tanto de menos.- me dijo.

  • Y yo a ti.- me dio un ultimo achuchon y me soltó.- Eh, te has cortado el pelo.

  • Sí ¿Te gusta?

  • Te sienta muy bien.

  • Tu no has cambiado nada.

  • Como si eso fuera posible.- bufé.

  • Cierto.- me dio un beso en la frente.- ¿vamos?


Salimos de la terminal y fuimos a buscar el coche, después de eso nos dirigimos a mi casa. Íbamos en silencio, pero no era un silencio incomodo. Gio estaba aún sonriendo y miraba con atención por la ventanilla. Yo mientras conducía no podía dejar de pensar en lo guapo que era y en lo contenta que estaba de verlo otra vez:

  • Hacía 150 años que no venía a París.- dijo.

  • ¿Por qué tanto tiempo?

  • No me gustan los franceses.

  • ¿Y eso?

  • Se creen mejores amantes que los italianos.- dijo muy serio.

  • ¡Gio!- le dije mientras me reía a carcajada limpia.


Llegamos por fin a mi casa. En cuando abrí la puerta Drácula saltó directamente sobre Gio. Él lo cogió y dejó que Drácula lo lamiera, luego le rascó la barriga y jugó con él un buen rato. Gio se dejó caer despatarrado en el sofá y yo fui a sentarme a su lado. Gio me rodeó con sus brazos y me jaló hacía él, nos quedamos así, con Gio sosteniéndome como si yo fuera un bebé. Me dio un beso en la frente y acarició mi pelo durante un buen rato:

  • Dime ¿qué ha pasado por tu mente todo este tiempo?- me dijo.

  • No he podido sacarme de la cabeza el como terminó todo. La discusión con Andrew...sigo sin poder entender porqué me ha tratado así.

  • Lo se, yo tampoco logro comprender por que actúa así.

  • Porqué se ha vuelto gilipollas. Seguro.

  • Menuda mierda de explicación.- hubo silencio.- Sabes Gio, no se como puedes seguir a su lado. Tampoco se ha portado bien contigo.

  • Lo sé, pero pensé que si me quedaba podría descubrir que le pasaba e intentar que cambiara de opinión.

  • Pero no lo has conseguido.

  • No, y lo cierto es que nuestra amistad, si se le puede llamar así, se ha ido degradando cada vez mas. Prácticamente ni hablamos y cuando lo hacemos terminamos discutiendo.

  • Pues vete Gio. Dejale.

  • ¿Y a dónde voy?

  • Pues conmigo.- me sorprendí a mi misma de contestarle eso.

  • Tu querías estar sola.

  • Lo sé. Pero te echado mucho de menos. Yo...no quiero volver a estar sola.

  • Tampoco yo quiero que estés sola.

  • Pero no estamos hablando sólo de mi, Gio. ¿Tu qué quieres?

  • Lo que yo quiero no puedo pedirlo.

  • Si puedes pedirlo.- le dije incorporándome y mirándolo a los ojos.

  • Dejalo Carol.- me apartó y se levantó.

  • ¿Qué te pasa Gio?- le dije siguiéndolo.

  • No puedo pedirte algo que se que no se puede cumplir. ¡Sigues vinculada a Andrew, Carol! ¿Puedes darme una garantía que es realmente conmigo con quién quieres estar?

  • Sí...no, yo no lo se, Gio.- ahora mismo siento que te necesito a mi lado, que te quiero, que no podré volver a estar sin ti...pero no te puedo asegurar lo que sentiré dentro de una semana o un mes. Pero no se si es por el vínculo o porqué lo sentimientos son así. ¿Puedes asegurarme tu que dentro de unos años no te irás con otra?

  • Supongo que no...pero si que estoy seguro al 100% que tu eres lo que quiero ahora mismo.

  • ¿Pues así de qué tienes miedo?

  • De que luego te des cuenta de que no es a mi a quien quieres y de sufrir.- lo decía sinceramente y eso me hizo detenerme.

  • Está bien Gio, perdoname. Entiendo tu situación. Olvidemos esta conversación ¿vale?

  • No tengo nada que perdonarte, cielo. Solamente quiero que entiendas.

  • Te entiendo.


Por suerte en ese momento entró el gato del vecino por la terraza y Drácula se puso a perseguirle. En solo unos segundos armaron una de muy gorda. Estaba ya harta que el vecino dejara campar a su gato a sus anchas, cogí al gato y cabreada me dirigí al rellano, golpeé furiosa la puerta del vecino y después de un momento abrió:

  • ¡Como vuelva a encontrarme a tu andrajoso gato en mi casa me hago una sopa con él!- le grité.

  • Bueno tampoco hay para tanto.- dijo el tipo con toda su barra.

  • Puede que una vez no pase nada, dos tampoco y hasta tres veces te lo perdono. ¡Pero a la que pasa tres veces en una misma semana me cabreo!

  • Está bien, no volverá a pasar.- normalmente se ponía chulo pero debió de verme realmente cabreada.- le entregué a su gato y volví a mi piso. Cuando entré no vi a Gio, seguí su olor y lo encontré en mi vestidor.

  • Estoy horrorizado Carol ¿Qué te ha pasado? Te has vuelto una sosa, solo tienes vaqueros.

  • Bueno, no he estado de mucho humor para ir de compras.

  • Bueno, pues esto tiene fácil solución. Carol, nos vamos de compras.

  • Gio, no.

  • Carol, sí.

  • Que no.

  • Nos vamos, ya.


Intenté persuadir a Giovanni para no ir de compras pero no hubo nada que hacer. Me vi arrastrada hasta las tiendas mas exclusivas de París. Compramos y compramos hasta que Giovanni estuvo satisfecho. Después de las múltiples compras volvimos a casa, dejamos las bolsas y salimos a dar un paseo, esta vez con Drácula. Paseamos por los campos Elisios y llegamos hasta la Torre Eiffel. Como Gio había dicho, la ultima vez que había estado en París aún no estaba y se quedó mirándola un buen rato. “Es horrible” exclamó finalmente. Y realmente yo compartía su opinión, jamás me había gustado esa montaña de hierro, bueno, puede que cuando estaba iluminada me gustara un poco, pero tampoco mucho...


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ARION.


Ya me lo decía mi padre cuando estaba vivo. Si es que era un tonto y siempre lo sería.

Había visto a Carol y me había dado cuenta de que ella realmente no me amaba a mi, ella a quien necesitaba a su lado era a Giovanni y yo tonto de mi había renunciado a ella y se lo había dicho a Gio. ¡Eres un as Arion!


Me había quedado llevando el bar de Gio, que asco. Estúpidas humanas ¿no podía entrar ninguna que no se me insinuara? Las dos primeras me hicieron gracia, todas las demás no. estaba ya harto de preparar cafés. Eran casi de las siete de la tarde y el bar estaba lleno de gente pues se había puesto a llover de manera exagerada. Atendí una mesa y volví a la barra, estaba ocupado lavando tazas cuando llegó hasta mi un olor a vampiro, no era el de Giovanni, tampoco el de Andrew ni el de Carol. El olor era extraordinario. Me volví y mis ojos se posaron sobre el ser mas maravilloso del mundo. Tenía una esbelta figura enfundada en un traje de cuero negro para moteros, su cabello rubio llegaba hasta su cintura y su cara era simplemente el rostro mas bello que jamas había visto. Caminó por el bar de manera seductora hasta llegar delante de mi:

  • ¿Y tu quién eres, pimpollo?

  • Soy Arion.- le dije.

  • ¿Dónde está Giovanni?

  • Está en París.

  • ¡Pues vaya! ¿Para que habré venido yo?

  • ¿Y tu eres?

  • Megeara.

  • ¡Ah! He oído hablar de ti.- le dije en griego.

  • ¿Tu eres el malvado Arion?

  • Ese sería yo.- bufé.

  • No pareces tan malo.

  • Puede que no lo sea.

  • Vaya...lastima.

  • ¿Por?

  • Me gustan los chicos malos.- dicho eso se encaminó otra vez hacía la puerta.

  • Oye.- la llame. Ella se giró.- ¿Qué haces esta noche?- ella me sonríe.

  • Eso depende. ¿Qué haces tu?

  • Recogerte a eso de las 11.

  • Estaré en casa de Andrew.- me guiñó un ojo y se fue.


¡Por los Dioses! ¡Que hembra! Había estado unos pocos minutos cerca de ella y había dejado a mi pobre cuerpo palpitando de deseo. Era tan sumamente sexy...encima montaba en moto, me volvían loco las mujeres que vestían cuero y a ella le sentaba de maravilla.

Miré el reloj, maldición todavía eran las siete. Deseé que pasaran las horas hasta que fueran las once...pasé lo que quedaba de tarde sirviendo cafés pero con mi mente puesta en la hermosa y sensual Megeara.


MEGEARA.


Estaba recorriendo Europa con mi moto, era un viaje que me gustaba hacer de vez en cuando. Adoraba la velocidad, ver el mundo de esta manera y sentir el aire a mi alrededor.

Llegué a España y decidí porqué no hacer una visita a Giovanni, en estos últimos años nuestra relación había mejorado muchísimo, ahora eramos amigos, me gustaba ser su amiga, era todo mucho mas fácil. Él estaba perdidamente enamorado de Carolina, y bueno...siempre he sido una persona un tanto rencorosa y deacuerdo con mi carácter debería odiarla, pero lo cierto es que la condenada me caía realmente bien. Le había cogido cariño durante los pocos días que había pasado en su casa, podía entender porqué Gio la amaba, él, que afirmaba no haberse enamorado nunca...tarde o temprano a todos nos llega el amor.

Por lo que sabía las cosas no iban bien, Andrew se había entestado en meterse en medio y eso, la verdad, me molestaba. Quería que ellos dos fueran felices. Siempre me había caído bien Andrew pero la ultima vez que lo vi pude comprobar que se había vuelto un auténtico gilipollas. Creo que en el fondo lo que le pasaba es que tenía miedo de quedarse solo. Miedo a perder a su mejor amigo...¡Si es que los hombres eran idiotas!


Fui hasta el bar que regentaba Giovanni, pero él no estaba allí, en su lugar había un exquisito ejemplar de macho griego al 100%. Lo primero que pude apreciar fue su culo enfundado en un par de vaqueros negros, ufff...¡que culo! Me daban ganas de darle un mordisco. Su espalda era ancha, musculosa en su justa medida y terriblemente masculina. Su cabello era rubio, un par de tonos mas oscuro que el mío y lo llevaba recogido en una cola de caballo. El debió notar mi olor por lo que se giró y clavó sus hermosos ojos azules en mi.¡Por Zeus! Ese rostro era el mas hermoso que yo había visto...tenía unas marcadas facciones que le hacían ver absolutamente masculino. Ese hombre daba la impresión de haber nacido para el sexo.

Le eché morro al asunto y sin dejar que mi interés se notara me acerqué a hablar con él. Me dijo su nombre, Arion y lo reconocí. Había sido el malo de la película durante muchos años pero a mi no me parecía un asesino, y yo jamás fallaba en mis primeras impresiones. Además, él estaba ahora cuidando el bar de Giovanni, eso era por algo.

Le dejé con la miel en los labios y eso funciono, me llamó y me preguntó si tenía planes para esa noche. Quedamos en que me recogería a las once.


Cuando llegué a casa Andrew el me recibió contento, pero lo noté raro, mas raro de lo habitual, pero no le hice caso. Yo estaba demasiado nerviosa con mi cita con el monumento, quiero decir, Arion. No tenía nada que ponerme por lo que con el permiso de Drew fui a revolver entre la ropa de Carol. Drew me informó que Carol se había ido a París hacía dos años pero no me comentó nada mas. París...había dicho París y Arion me había dicho que Gio estaba en París, hmmm...la cosa se ponía interesante.

El armario de Carol era completísimo de manera que no me costó mucho rato encontrar algo de mi agrado. Elegí una pequeña falda de cuero negra que combine sencillamente con una camiseta blanca. Por suerte teníamos la misma talla, talla estándar vampiro, incluso de pies así que me calce unos taconazos para la ocasión. Estaba lista para la acción.


Sonaron las once y como prometió Arion estaba esperando por mi, seguía lloviendo por lo que no me molestó ir en coche. Ese tío estaba tremendo y me estaba volviendo loca, el me hablaba sobre su vida en la antigua Grecia, hablamos durante un buen rato de esos tiempos y nos reímos de pensar en lo asustados que habíamos estado de los dioses.

A parte de exquisito era gracioso, amable e inteligente. Durante el rato que estuvimos en el coche quedé absolutamente fascinada por él. Pero ahh, no podía mas, mi cuerpo me lo pedía:

  • ¿Piensas llevarme a tu casa o piensas tenerme así toda la noche?- le dije incapaz de contenerme mas. El sonrío.

  • Oh nena.- me dijo.- me muero de ganas de llevarte a mi casa.




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